Nueve de cada diez muertes violentas tienen que ver con el crimen

Contra lo que podría parecer, no es Irak el país del mundo en el que hay un índice más elevado de muertes por violencia entre 2004 y 2009. El primer lugar lo ocupa El Salvador, aunque no suele aparecer en los titulares de los periódicos, por delante de Irak y Jamaica. Por regiones, las más violentas son América Central (con 29 muertos por 100.000 habitantes), seguida de África Austral (27,4) y el Caribe (22,4).

Son datos recopilados en el informe Global Burden of Armed Violence 2011, publicado por la secretaría de la Declaración de Ginebra, una iniciativa diplomática que estudia las relaciones entre violencia y desarrollo.

Las principales conclusiones de esta segunda edición del informe (el anterior es de 2008) son:

– Unas 526.000 personas mueren cada año como resultado de actos de violencia. Pero solo una de cada diez muertes violentas ocurren en situaciones de conflicto bélico o de actos terroristas, mientras que 396.000 son homicidios intencionados, 54.000 son homicidios no premeditados y 21.000 suceden por intervenciones de las fuerzas de seguridad.

– Las muertes por violencia se concentran en determinadas regiones y en un número pequeño de países. La tasa mundial de muertes por violencia en el periodo 2004-2009 fue de 7,9 por 100.000 habitantes. Pero hay grandes disparidades: mientras que en Europa, Canadá, el Magreb o la India la tasa está en torno a 3 por 100.000, hay 14 países donde la tasa es superior a 30 (ver gráfico). Esto significa que el 25% de las muertes violentas en el mundo (unas 125.000) ocurren en solo 14 países, que suman menos del 5% de la población mundial. De estos 14 países, 7 pertenecen a Latinoamérica, sobre todo a América Central.

– El porcentaje de homicidios relacionados con las pandillas o el crimen organizado es considerablemente más alto en Latinoamérica. En El Salvador la tasa de muertes violentas fue superior a 60 por 100.000 habitantes.

– La línea divisoria entre conflicto armado y violencia criminal es cada vez menos nítida. La violencia aparentemente arbitraria o criminal también puede ser utilizada para alcanzar objetivos políticos que coinciden con los de los grupos armados. Y las actividades criminales, como el tráfico de drogas, también han sido utilizadas para financiar actos bélicos (Afganistán, Colombia, Bosnia).

– Las tasas de homicidios relacionados con asaltos y robos tienden a ser mayores en países con grandes desigualdades de ingresos.

– Existe un nexo entre altas tasas de homicidios, altos porcentajes de homicidios cometidos con armas de fuego y bajos porcentajes de casos resueltos por las fuerzas de seguridad. El informe advierte que los países que presentan este conjunto de factores, como El Salvador y Jamaica, corren el riesgo de caer en una espiral creciente de violencia e impunidad.

– Las víctimas de la violencia son muchos más hombres (87%) que mujeres (13%). En países con tasas de homicidios relativamente bajas, como en Austria, Japón, Noruega o Suiza, la proporción de víctimas entre hombres y mujeres está más equilibrada.

La inseguridad, un lastre para el desarrollo

La distribución de la violencia letal puede ser también muy desigual dentro de un país. Por ejemplo, en México, la tasa de muertes violentas fue de 18,4 por 100.000 habitantes en 2009, pero en el estado de Chihuahua (donde está Ciudad Juárez) fue de 108.

En México D.F. la criminalidad está cayendo, gracias a una gran inversión en seguridad. Acaba de inaugurarse un Centro de Comando anticrimen (C4i4) que aglutina todas las labores de seguridad que se llevan a cabo en la capital mexicana. Allí se analizan las imágenes enviadas por 8.000 cámaras instaladas en las calles de la capital y las 5.000 localizadas en el metro, que hacen del distrito federal una de las capitales más vigiladas del mundo. El apoyo de herramientas de cartografía digital permite ubicar por GPS a todos los coches patrulla de la policía y enviarlos adonde sea necesario en cada momento. Por lo menos, será más fácil saber lo que pasa.

En Guatemala, El Salvador y Honduras se han ido extendiendo las actividades del narcotráfico mexicano y colombiano, lo que genera una creciente criminalidad. Las pandillas, o maras, extorsionan al pequeño comercio, tienen nexos con los carteles de la droga y compiten por su territorio frente a las fuerzas de seguridad.

La protección cuesta cara y es una rémora para el desarrollo. En El Salvador hay 21.140 vigilantes privados, mientras que la policía ronda los 16.000 miembros. Y se calcula que las empresas establecidas en el país gastan el 7,7% de sus presupuestos en seguridad. En Centroamérica, según el Banco Interamericano de desarrollo, la criminalidad provoca unas pérdidas equivalentes a casi un 8% del PIB. El informe de la secretaría de la Declaración de Ginebra advierte que existe una fuerte correlación entre altas tasas de homicidios intencionales y índices más altos de pobreza.

AUTOR Y FUENTE Aceprensa

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Acerca de Fernando Sánchez Argomedo

Empresario, ingeniero Cibernético, Interactividad, Medios Electrónicos, Internet, Presidente Ejecutivo de www.yoinfluyo.com
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