Estás preparado para el momento de la verdad?

En el argot de la mercadotecnia se suele hablar del “momento de la verdad”, el cual sucede cuando la persona o el cliente tiene contacto con el comercio o la empresa en múltiples momentos, por ejemplo, cuando un cliente llega a un restaurante quien lo atiende comúnmente es un mesero, en una tienda departamental será quien le muestre la variedad de productos o le ayude a encontrar lo que está buscando. Existen tantos “momentos de la verdad” como oportunidades se tengan de tener contacto con el cliente.

La clave de reconocer y entender que existe un “momento de la verdad” consiste en que de él depende la imagen y la actitud de un “cliente” para con nuestro comercio o empresa, de tal forma que si la atención es mala y despótica hacia el “cliente”, éste ya no regresará o no estará dispuesto a pagar nuevamente el servicio o producto ofrecido.

Sin duda resulta de gran importancia para cualquier organización, del tipo que sea, reconocer y estar preparados para el “momento de la verdad”.

Este concepto también puede ser usado para las personas de forma individual, y en esta ocasión me referiré particularmente a los jóvenes, debido a que son los que tienen una mayor actividad social y por lo mismo múltiples “momentos de la verdad”.

Con los jóvenes, estos momentos se presentan cuando tienen contacto con personas que teniendo cierta influencia en ellos, le pueden cambiar la vida. Cuando alguien les ofrece una fumadita o probadita de droga (es muy divertido y está de moda)…

Cuando alguien les invita a hacer algo que es indebido como mentir para lograr tus objetivos, plagiar, hacer algo injusto e incluso hasta robar, no sólo desde la perspectiva típica de quien toma algo que no es suyo, sino incluso vendiendo o prestando servicios que no corresponden al monto cobrado… Y ya ni hablar cuando se burla o engaña a alguien…

Hace tres años entrevisté a varias personas que se encontraban en un reclusorio por diversos delitos y en todos estaba muy presente su “momento de la verdad”. Todos, desde quien había cometido un delito de cuello blanco hasta quien había asesinado a una persona, me hizo muy claramente la reflexión: “pude haberlo evitado” y “todo dependió de la decisión en un instante”, un instante que cambio radicalmente sus vidas… “el momento de la verdad”.

Suena sencillo estar atentos al “momento de la verdad”, suena fácil decir que “a mí no me va a suceder”, sin embargo, “el momento de la verdad” empieza muchos años antes de la decisión crucial y tiene que ver con el ejercicio reiterado de la prudencia, virtud que tiene múltiples implicaciones para poder practicarse adecuadamente.

La prudencia como virtud es algo similar a esa típica reacción que tenemos los seres humanos cuando nos vemos claramente en peligro, es como el instinto de supervivencia que nos dice, “esto sí” o “esto no”.

Nuestra mente va guardando las experiencias —buenas y malas— que con el transcurrir de la vida van haciendo más sofisticado y robusto nuestro instinto de supervivencia, de tal forma que si alguna vez de niños nos quemamos con la lumbre de la estufa, en nuestra mente se quedó grabado que el fuego es peligroso y a partir de ese momento nuestro cerebro mandará una señal de peligro cuando tengamos contacto con llamas.

La prudencia es similar aunque no actúa por impulso y más bien se va formando en el transcurso de nuestras vidas. Así, lo que vivimos y aprendemos se convierte en parte de nuestro conocimiento experimental y nos permitirá tomar decisiones en el futuro. Por eso es importante distinguir el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, para de esta forma tener la capacidad de reconocer la realidad buscando la verdad, así como entender de dónde venimos, a dónde vamos y cuál es nuestra naturaleza humana.

Justo en el “momento de la verdad” es cuando esos conocimientos y conceptos, que son principios, se convierten en la diferencia para tomar una decisión correcta que nos haga ser mejores, o incorrecta, que nos lleve a destruir nuestras vidas.

Por eso el “momento de la verdad” aunque se presenta en un preciso instante de nuestras vidas, empieza años atrás, desde nuestra formación en la infancia y durante el aprendizaje de toda nuestra vida.

Habrá que aclarar que aunque tengamos claridad total en relación a lo correcto y a los principios hay varios elementos clave que operan: la inteligencia, los sentimientos y la voluntad. La voluntad es aquella función de nuestro intelecto que nos mueve a actuar y que se ve influida fuertemente por los sentimientos y por la razón.

En el “momento de la verdad” los sentimientos nos van a traicionar, la sensualidad, lo agradable, lo sabroso lo apetitoso pasarán directamente a la voluntad, tratando de moverla hacia eso que no necesariamente es lo correcto. Ahí es donde habrá que poner freno para dejar intervenir a la razón. Es en ese momento cuando lo único que nos salvará de cometer un error será la fortaleza, esa capacidad para decir “no”, que también se forma desde la infancia.

La prudencia es la virtud de los hombres sabios que se apoya en la fortaleza para poder decidir de forma correcta en la vida. Al ser la prudencia y la fortaleza virtudes, la única forma de tenerlas, es vivirlas cotidianamente. Para ello es clave la educación y nuestra constante lucha por ser mejores… reflexionaremos sobre ello en entregas posteriores… Por ahora pregúntate: ¿estás preparado para tu “momento de la verdad”?

Presidente Ejecutivo yoinfluyo.com

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Acerca de Fernando Sánchez Argomedo

Empresario, ingeniero Cibernético, Interactividad, Medios Electrónicos, Internet, Presidente Ejecutivo de www.yoinfluyo.com
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